martes, 14 de agosto de 2012

CINCO MINUTOS PARA RESPIRAR...


Quizás no sea para tanto, quizás se está mal acostumbrado, el calor asfixia el asfalto y los coches surcan las carreteras mientras los carteles digitales advierten sobre el gran peligro de arrojar cigarros encendidos por la ventanilla… no lo sé, se lleva todo el año esperando el verano, cuando hace mucho frío nos acordamos de él, en aquellos momentos de lluvia y semanas encadenadas a fines de semana simultáneamente equitativos, donde es posible escuchar a la monotonía en lo más profundo de las heladas… el calor aprieta, da igual donde se trabaje o se estudie, el calor aprieta porque lo que de verdad se desea es encontrar un hueco para respirar, un tiempo determinado dentro de los tres meses para poder mirar a nuestro alrededor y parar un poco el vertiginoso ritmo de la vida.

Entonces llegas al pueblo, descargas todo y te vas a la piscina, te sientas al final, en el bordillo, la gente toma el sol hasta que pita Carlos o Alberto porque este año se cierra a mediodía; coges tus bártulos y te vas a tomar algo… llegas a Naya y te juntas con la cuadrilla y, a la vez, con todas las demás, saludos, ironías, risas, cerveza con limón, caña, tinto de verano, una copita de vino blanco; después, vas a ver al canalla de Manolo “Medalla” que siempre tiene una historia con la que te partes de risa; luego das media vuelta y marchas a ver a Iván el Fonta y a Juli; patatas ali-oli, salchichas, rejos, carne en salsa, ya vas medio comido; alguien lanza <<¿Vamos a la plaza?>> y otro << ¡no hay huevos!>> la frase mágica para ir sí o sí, la última, buf, y ahora, ¿quien se come un plato de cocido?, aún así lo intentas y te echas a siesta, cuando te levantas el dolor de cabeza es insoportable y caes en la cuenta que es la primera siesta de todo el año y tu cuerpo no está acostumbrado; pegas pequeños sorbos al café mirando al infinito porque estás con todo el sueño zumbándote en los oídos, agarras a la “alemana” (mi bicicleta) y pedaleas con ella a la piscina otra vez; hay que preparar las cosas de la peña para las ferias y la semana joven rodacis aún te golpea de soslayo por lo que hay que arrimar el hombro, planteamientos en el transcurso del pensamiento de unos días a la playa que vaguean en tu mente; llegas a casa y pasas por delante del televisor lanzándole una mirada de extrañeza, como si acabaras de ver a un pingüino en el desierto; sales a correr por el camino de la Puente, el recorrido de siempre, el mismo que llevas haciendo desde los 14 o 15 años, el aire golpea tu cara y el sol te ciega unos instantes, tiñendo su dominio, los montes de la Jara, de color cada vez más rojizo, La Puente se desdibuja en el valle mientras arriba, en el camino, las acacias que sembró el ayuntamiento resisten milagrosamente, atraviesas la Puente Nueva y recuerdas lo dura que es la cuesta hasta que llegas al final del cerro para luego volver, la tranquilidad es absolutamente cautivadora y no puedes decir una palabra a los transeúntes que te encuentras porque estas demasiado sofocado, por lo que te limitas a levantar la mano, a modo de saludo.
El sol da sus últimas bocanadas y la gente empieza salir “al fresco”; desde el ciber la carretera es una gran espada que corta la tierra en dos y, a esas horas, la dehesa es lo que más se parece al mar por los alrededores; te sientas fuera con un litro de tinto con fanta limón y cae, sin quererlo, un periódico viejo de varios días en tus manos: las medallas españolas en estos Juegos Olímpicos londinenses de 2012 llegan a 10 (al final llegamos a 17), pero en nuestra querida España, Sanidad deja en el aire la atención a los sin papeles con dolencias crónicas y un “problema contable” bloquea la ayuda de 400€ de 200.000 parados, mientras el rey (con minúscula, faltaría menos) inaugura el verano desde su palacio en Mallorca y RTVE agoniza de la degolladura a la que la han sometido; nada nuevo, piensas, coges otra vez a la alemana y te das una vuelta por el pueblo, aunque sea tarde las bicicletas están por todos lados y los jóvenes se beben unos litros apostados en los bancos del Corral Concejo, los saludas casi con envidia y te vas a dormir; mientras bajas por la Calle de la Cruz, el aire se mete en tus pulmones con energía, consciente, de esos cinco minutos tan sumamente buscados.

Jesús Bermejo Bermejo      La Cumbre 2012.

miércoles, 4 de julio de 2012

MARIMANTAS, HOMBRES DE LA MEDIA, CULEBRAS GIGANTES, EXTRATERRESTRES Y DEMÁS SERES NATURALES Y ANTINATURALES.




Esta entrada se ha suprimido temporalmente para formar parte de una posterior publicación.

Está protegida con Copyright de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 1/1996 de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y Ley 23/2006, de 7 de julio, por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.


Queda prohibida la reproducción, distribución y comunicación con ánimo de lucro de acuerdo con lo establecido en la presente ley.

miércoles, 20 de junio de 2012

VESPACIO: LA CUMBRE-SANTIAGO DE COMPOSTELA (I)


1º DÍA: LA CUMBRE-PLASENCIA.

El tiempo, la locura, el viaje, la aptitud de la moto y de nosotros mismos; nuestras propias limitaciones, el entusiasmo, la realidad… todo un amasijo de sentimientos despertaron en ese pálido amanecer de temperatura impropia. La vuelta al “Rollo” (monolito ubicado en el centro de la plaza de La Cumbre que le otorgó propia jurisdicción e independencia siglos atrás) para bendecir la travesía. Surcamos la carretera hacia Trujillo con la familiaridad que otorga los años recorriendo este camino para múltiples quehaceres; y, con ese pensamiento, atravesamos la ciudad conquistadora velozmente, provechosos de poseer la ventaja de conocerla a fondo y poder aparcar sus calles empedradas, casas solariegas, puertas amuralladas, castillo-fortaleza, esplendida plaza,… para otra breve ocasión.
Enfilamos la Ex 208 dirección Monfragüe, las encinas salpican el paisaje y los jóvenes abejarucos (verdes) atraviesan la carretera cuando pasamos por la Aldea del Obispo. El río Tozo, como nuestro Gibranzos, nos recibe seco, con sus charcos bostezando el sueño de las aguas empantanadas y el “cieno” volviéndose de un color más negruzco, a medida que la temperatura asciende; los puentes son de los años 60-70, todos tienen la misma estructura, recuerdan a aquella revolución industrial que nunca surcó estos páramos, las piedras sangran herrumbre al contacto con las barandillas de hierro, traspasadas por los años. Nada que ver con su afluente, el río Almonte sí nos recibe como lo que es, uno de los hijos mimados del Tajo. Un poquito hacia nuestra derecha le laurean sus tres puentes, cerca de Jaraicejo: el Medieval, el de la Dictadura y el de la Democracia.

Paramos en Torrejón el Rubio a echar combustible en una minúscula gasolinera, frente al parque Jesús Garzón, uno de los culpables de que el Parque Nacional de Monfragüe sea lo que es, naturalista cántabro incansable, que supo ver en nuestra tierra lo que muchos de nosotros aún no apreciamos y deberíamos ver como un autentico tesoro.
El tiempo seguía grisáceo, como la temperatura en la moto, algo, que por otro lado agradecían los hombres de los campos, subidos en los remolques de los tractores; nos saludaban mientras echaban las porciones de pacas a las ovejas que, como beatas en procesión, seguían el rastro de la maquinaria agrícola.

Los romanos llamaron a Monfragüe  “Mons fragorum” (Monte Fragoso) y los árabes “Al Mofrag” (El Abismo) y hasta allí descendimos, por un abismo de curvas interminables, donde, en una de ellas, nos saludó una raposa, brincando de entre las jaras. Es allí donde la soledad va acompañada con el deleite de ver sobrevolar a un buitre negro, justo encima de nuestras cabezas. Éramos consciente de la gran belleza, inmensidad y misterio del lugar donde nos encontramos; de las pocas excursiones productivas del Colegio y el Instituto, estaba la de este Parque, ahora Nacional; donde, sobre otras anécdotas y rincones, sabía donde anidaban todos los años una pareja de cigüeñas negras y otra de búho real en Peñafalcón, gran roquedo bañado por las aguas del Tajo; enfrente se halla el mirador del “Salto del Gitano”; dos columnas pedregosas donde, según la popular leyenda, atravesó el huido, perseguido de la Guardia Civil.
Subimos con la moto hasta lo que pudimos de la cuesta del Castillo, dejando en lo alto las cuevas donde se hallan pinturas rupestres, repartidas por estas escarpadas sierras cuarciticas. Es, sin duda, un lugar precioso, que nunca me cansaré de visitar; a 465 metros, como un vigía, se haya el Castillo de Monfragüe, fortaleza antigua de gran importancia en el territorio, sobre todo en los rifirrafes entre almohades y las ordenes cristianas hasta su conquista por estas últimas en el siglo XII. Posteriormente, fue lugar muy venerado por estos caballeros de la Edad Media, como se demuestra en la Virgen que hay en su ermita, contigua al castillo, traída desde Palestina por los Cruzados.

Arriba, en la torre pentagonal del homenaje, la vista es indescriptible: la bajada del camino hacia la fuente del francés, la fusión del Tajo con el Tietar, los depósitos de cuarcitas apelotonados en las faldas de las sierras, ese “mar” de encinas que, tantas y tantas veces, me ha cautivado y me cautivará para siempre; una sensación orgullosa de quien siente su tierra en el corazón.
Serpenteamos Peñafalcón y “El salto del gitano”, con el río a nuestra izquierda, hasta llegar a la fuente del francés, al parecer, denominada así en honor a un naturalista del país del norte vecino, que intentó salvar a un ave en las traicioneras aguas del río Tajo y se ahogó en el intento; es un lugar de espiritualidad casi monástica, poblado de vegetación, donde la majestuosidad del gran río ibérico compite con las sierras que los custodian, cautivo del bosque mediterráneo, aquí el rumor acuífero se deja atrapar y respira a través de las encinas, quejigos, madroños y jaras; una sensación que se agarra como el musgo a las rocas, en este santuario natural.
Este es un paraje en el que, durante en la Guerra Civil Española, hubo una intensa permanencia de guerrilleros antifranquistas y, precisamente, uno de ellos, el jefe de la 12ª división en el norte de Cáceres: Pedro José Marquino Monje “el francés” cayó abatido en un enfrentamiento con la Guardia Civil cerca de este lugar; hecho que hace que, siempre que beba en esta fuente me pregunte la verdadera historia de su nombre.
Y hecho, el de la actividad de los guerrilleros antifranquistas en esta zona natural, que es recordado en una placa sencilla de pizarra a orillas del Puente del Cardenal, misteriosa obra arquitectónica que aparece, cuando bajan, y desaparece, cuando suben, las aguas mezcladas del Tajo y el Tietar. Fue mandado construir por el cardenal Juan de Carvajal, en 1446, facilitando las comunicaciones entre Plasencia, Jaraicejo y Trujillo. Al parecer, dice el clamor popular, que costó 30.000 monedas de oro, las misma cantidad que piedras tiene el puente.
Historias, leyendas, nombres, castillos, puentes, parajes, rincones,… no éramos conscientes, o más bien, todavía no asimilábamos la envergadura y la riqueza de nuestro viaje.
Avanzando unas curvas más llegamos a Villarreal de San Carlos; pizarra, pequeña iglesia en lo más alto, restaurantes, tiendas de recuerdos y Centro de Interpretación del Parque. Fundada en 1788 por Carlos III como guarnición fija para vigilar esta zona del continuo bandolerismo que la asolaba, sobre todo en el, ya citado, puente del Cardenal y el puerto de la Serrana.
Posee una calle principal preciosa que invita a la tranquilidad y donde, por lo menos la última vez que vine, rondaba un jabalí “domesticado”, que se zampaba las chucherías que les echaba los niños, para sorpresa de los muchos turistas de este paraje natural.
Comimos unos bocadillos a la sombra de un merendero, junto a los chozos de pizarra y “escoba”, antiguo aguardo de pastores, que ahora se utilizan como reclamo turístico y para los colegios, para inculcar el amor a la naturaleza y, lo más importante aún, su conservación y protección.
El aire se mete entre nuestro cascos y nos zumba en los oídos cuando serpenteamos las grandes fincas de encinas y alcornoques mientras disfrutamos de cada segundo y metro recorrido: el traquetear del motor, la posición en las curvas, la sensación de tener el tiempo retenido, metido en un saco, para esparcirlo como y cuando queramos, doblegarlo como el viento al pasto, peinado, dorado al sol en la tarde extremeña.
Llegamos a Plasencia coincidiendo con el Martes Mayor y, al igual que Trujillo, con la ventaja de conocerla bien; atravesamos el río Jerte, bordeando la muralla, la Catedral y la Puerta del Sol, hasta llegar al antiguo recinto ferial y al Acueducto, momento en el cual torcimos a la izquierda y, pasando la plaza de toros, llegamos al hostal donde pasaríamos la noche.

Es Plasencia lo que podría denominar “una de mis ciudades” pues en ella viví y cursé el Bachillerato; en 1995 dejé atrás al niño “montehermoseño” para dar paso al adolescente “placentino”. No sabría explicar la sensación de recorrer mi antiguo barrio, cambiadisimo, los “canchales”, como aquí se llaman, se hayan ahora debajo de la gran cantidad de barriadas de casas que han construido desde mi marcha. Mientras andábamos notaba como mi presencia en ese lugar se había desvanecido y trataba de buscarla a toda costa, a golpe de recordar, hablando con los ojos bien abiertos, intentando reconocerme a mi mismo.
Llegamos a “Sor Valentina Mirón” y atravesamos la Iglesia del Salvador y su pasaje; mi amigo Jesús nos esperaba frente a la puerta del ayuntamiento, con el estado de haber pasado todo el día de cañas (era Martes Mayor). Ni corto ni perezoso, como ese día en Plasencia no era el idóneo para tomar un café tranquilamente, nos metimos en la popular calle de “los vinos”, donde antiguos bares y pubs, que aún perduraban, me hacían retroceder en el tiempo, a esos fines de semana mágicos y, por desgracia, lejanos.

Jesús Bermejo Bermejo.    Plasencia (Cáceres) Agosto de 2011.




jueves, 31 de mayo de 2012

AQUELLOS DÍAS DE EXTREMADURA...


AQUELLOS DÍAS DE EXTREMADURA…

Como todas las cosas, la “era Ibarra” en Extremadura podrá, ahora que ha pasado, someterse a innumerables críticas (que las tiene y “muy gordas”); pero a mí, personalmente me gustaría  resaltar el inicio en el empeño y la constancia de rescatar o renacer el orgullo extremeño; esa incansable empresa de otorgar la identidad que se merece Extremadura, de sentirnos ennoblecidos con nuestra Tierra y alejar, para siempre, los tópicos impuestos por pasados yugos y señoritos.
Solo así se explican aquellos extravagantes “Días de Extremadura” de los años ochenta; solo así podemos comprender que a muchos paisanos se les erizase el vello de los brazos cuando Montserrat Caballé (una catalana) cantaba nuestro recién estrenado himno, compuesto por Miguel del Barco. Aquello era un despilfarro sí, una bomba de relojería que nos indicaba que Extremadura iba a cambiar, un episodio de nuestra historia evitable pero necesario, el despertar de una época que nacía en nuestras manos.
Entonces, el objetivo era el principio de un orgullo: La Identidad Extremeña; y los discursos políticos sonaban así:
“Hay que resaltar nuestra condición política de extremeño, nuestro folclore, tradiciones, bailes, costumbres, paisajes, artistas, intelectuales,…”; “Tenemos que hacer que el caciquismo y el miedo desaparezcan para siempre de nuestro horizonte”; “Hay que hacer de Extremadura una tierra de la que nadie tenga que marcharse para labrarse un futuro de progreso”.*
¿Lo ven?, por eso, aquellos niños extremeños de los años ochenta hemos crecido con ese esplendor tantas veces repetido; hemos pegado a nuestras bicicletas pegatinas con nuestra bandera autonómica; hemos visto cantar a Julio Iglesias en la plaza de Trujillo sobre el hombro de nuestros padres;… en definitiva, nos prepararon para sentirnos orgullosos de todo lo que es hoy Extremadura y sus orígenes.

No obstante, déjenme que les cuente una anécdota: hace algunos veranos, cuando trabajaba de socorrista en nuestra piscina, se me acercó una persona, “nacía y criá aquí” y me dijo en un forzado acento catalán <<Bona tarda, a que hora se plega esto>>, no me pude contener, con un hormigueo en el estomago le conteste <<En cuanti ohcurezca, jundeamos tóh de p aquí>>**.
¿Se dan cuenta? Aunque exista esta clase de personas que, en lugar de preservar sus raíces, nadan sobre ellas sin dejarse impregnar en absoluto; yo me alegro de ser extremeño, me alegro de aquellos discursos de Ibarra que fortalecieron el pensamiento de mis padres y educaron el espíritu de aquel niño que hoy les escribe. Me devolvieron mi identidad, la misma que fue pisoteada a mis antepasados y renace limpia en mí con proyección de futuro.
Y me da igual que alguien piense que este texto tiene connotaciones políticas (que no las tiene) y que mi novia, la leerlo, me diga <<Jesús, que se te ve venir>>; peor es lo que me dice mi amigo Emilio que, en cuanto me ve, me salta con que <<Tengo engañao a medio pueblo>>.

Jesús Bermejo Bermejo    La Cumbre 2009.

*Fragmentos de discursos de aquellos “Días de Extremadura”. La última frase es un constante compromiso que, desgraciadamente y a nuestro muy pesar, no se consigue todavía.

** Castuo “acumbreñizado”, la “h” se pronuncia como si fuera la “s” aspirada.

jueves, 24 de mayo de 2012

ANÉCDOTAS DE UNA VIGA


Esta entrada se ha suprimido temporalmente para formar parte de una posterior publicación.

Está protegida con Copyright de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 1/1996 de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y Ley 23/2006, de 7 de julio, por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.


Queda prohibida la reproducción, distribución y comunicación con ánimo de lucro de acuerdo con lo establecido en la presente ley.

jueves, 10 de mayo de 2012

MONEDAS ENSANGRENTADAS (1ª Parte)


MONEDAS ENSANGRENTADAS .

Trevejo (Cáceres) 3 de junio de 1465*.

Las veredas eran pedregosas y de abundante arbolado, eso hacía que las monturas jadeantes se tomaran un respiro, por la bendición de los alisos y los grandes robles que se torcían y secundaban las encrucijadas de los caminos; a pesar del entandarte con la cruz griega de sínople en fondo blanco, el pueblo de Trevejo les acogió vacío, sin muestras de hospitalidad. Así, de esta manera, llevaban días viajando en silencio, durmiendo en los campos y pasando desapercibidos para no llamar la atención, cautelosos porque la noticia del gran ejercito que se disponía a tomar este castillo norteño no se disparase como una certera ballesta.

Habían pasado más de dos meses desde que el caballero Rui Vázquez de Quiroga, de la Orden de Alcántara,  se presentara en la plaza de La Cumbre y en todas las plazas de los pueblos vecinos con el fin de reclutar gentes de guerra para el asedio. Aquella mañana Alonso, o Abem que era como le conocían todos, había mirado a su tío Galceran de manera extraña, pues los recuerdos de antiguas batallas se relamían en su mente, alimentadas con las promesas vertidas de la boca del caballero acerca de oro y buena paga por enrolarse.
Abem o Alonso***, al igual que su tío, era morisco o, simplemente, “moro”, su familia llevaba más de cuatro generaciones abrazando el cristianismo sin quitarse esa losa racial. Su tatarabuelo había sido uno de tantos cautivos cuando se reconquistó Trujillo, de manera definitiva, en 1232, un <<guerrero admirable>> le había dicho Galceran, <<Abem Al Zankul se llamaba; pero como fue derrotado en la toma de la anterior Torgiela****, se bautizó, cambiando nuestro apellido “Al Zankul” por “Sánchez”, y se vino a servir a la Caballería de MataGibranzos, en nuestro pueblo, La Cumbre, cuidando los caballos que allí se criaban; por eso, a pesar de nuestra raza, vivimos donde vivimos y amamos a Dios como los demás cristianos>> solía recordarle.
Y era verdad, pensaba Abem, los moriscos castellanos como él vestían, hablaban y rezaban como los cristianos, con las mismas costumbre y el mismo pensamiento, a pesar del color cobrizo de su piel y de sus ojos “de aceituna” como le decía su madre Abda, en el pensamiento y en la intimidad de casa, y María, en la calle y la iglesia.
<<Desde entonces>> seguía su tío <<hemos cuidado de los caballos de los grandes caballeros de estas tierras, y mi abuelo, mi padre, yo, tú y tus descendientes son y serán de La Cumbre, porque hemos vertido nuestra sangre para poder quedarnos y porque somos iguales que los cristianos viejos, ya que también amamos a Cristo>>.
Abem sabía que las guerras preceden a otras guerras; de vez en cuando, a la comarca de Trujillo llegaba la noticia de la necesidad de soldados y mucha gente de La Cumbre partía varias veces al año para la reconquista definitiva del Al Andalus al último Rey árabe, que se atrincheraba en Granada, y, hasta la fecha, habían regresado muy pocos para contarlo, entre ellos, su tío Galceran, sin un ojo y con la boca desfigurada por un lanzazo. Pero no todos pueden irse, pensaba el muchacho, las razzias están por doquier y siempre, de un momento a otro, hay que echar mano a la espada y no dudar en el ataque.
Nada era nuevo, el territorio de Trujillo estuvo durante mucho tiempo sometido a continuas incursiones de árabes y cristianos en innumerables ocasiones; esto hizo que las gentes de los pueblos de alrededor, los que no podían esconderse tras los muros de la ciudad, desarrollaran un sentido de la supervivencia y la lucha muy experimentado, sentido que traspasaban de padres a hijos; así, entre las labores agrícolas y ganaderas de la zona se hallaban todo tipo de armas, extraídas la mayoría de las veces a aquellos que conseguían matar cuando llegaban de uno y otro lado a “saquear” el terreno y dejarlo sin víveres de subsistencia.
Eso se sabía en toda Extremadura, por eso, Fray Alonso de Monroy, maestre de la Orden de Alcántara, no dudó ni un instante en reclutar a gentes de nuestra zona, curtida en guerras y práctica en el asedio a fortalezas, para arrebatarle el Castillo de Trevejo, en el norte, lindando con Villamiel y Gata, al traidor Diego Bernal.


Cuando llegaron a las grandes barcazas que atravesaban el Tajo***** acamparon en el extremo sur del río, enviando a un grupo en avanzadilla, para que actuasen como exploradores del terreno; “La Avanzadilla de La Cumbre” como diría más tarde el caballero Rui Vázquez de Quiroga, quien se presentó voluntario para portar el estandarte de la Cruz de Sinople de la Orden de Alcántara.
El calor asfixiaba y de los caminos parecía salir humo infernal; A Aben le parecía que su cuerpo se cocía bajo la cota de malla; cuando pasaban por los pueblos, los lugareños los atravesaban con sus miradas temerosas, sobre todo al ver a Galceran con su turbante a la cabeza y la cimitarra bailando a la espalda por el trote de la montura.
Nuestro joven cumbreño sabía el arte de la lucha gracias a su tío; le había enseñado el manejo de las armas de sus antepasados árabes, colocándose la espada curva a la espalda; la guardia alta de los caballeros cristianos; asentar una buena lanzada y saber derrotar a un hombre el doble de tamaño con hacha o maza. Pero su experiencia guerrera solo contaba con las ocasiones en que tuvo que defenderse de los bandidos y cuatreros que iban a la finca de Matagibranzos a llevarse algún caballo. Aquello era distinto, había más de mil hombres, entre caballeros, guerreros, campesinos armados y peones, dispuestos para una guerra, guerra por el territorio, entre señores que se creían dueños legítimos de un castillo, dos caballeros, Fray Alonso de Monroy y Diego Bernal, que pretendían ser los auténticos y únicos  Maestres de la Orden de Alcántara;<< una pelea de gallos>> decía Galceran<< si se produce una batalla, no se te olvide, todo sucede muy deprisa, tienes que tener ojos a todos lados, puede matarte cualquiera, alguien con una espada, una lanza o un simple cuchillo, todo es hierro, hasta la saliva te sabe a hierro, te falta el aire pero tus nervios son como el mejor acero jamás fundido y es en ese momento donde tienes que demostrar lo que vales, si no, tu cabeza se separará de tu cuerpo o tus tripas se ensuciaran con la tierra y estarás muerto>>.

Divisaron las faldas del castillo sorprendidos por la poca vigilancia de este y por la facilidad en el acceso, antes, Galceran se había llevado el dedo al único ojo bueno y les había indicado al resto del grupo que estuvieran muy alerta. Colocaron el estandarte y, tras descansar un rato, el caballero Rui Vázquez de Quiroga se dispuso a otear el terreno, volviendo sobre sus pasos para informar al grueso del ejército, que estaba a pocas leguas de allí.
Galceran estableció turnos de vigilancia y, en un abrigo de pizarras, se quedaron a esperar. Abem observaba al resto de sus paisanos y amigos: Juan, Fernando, José, Pedro y Gabriel; algunos eran más mayores, otros casi de su misma edad: Juan, Fernando y Pedro eran cristianos, los dos primeros, hermanos, eran blancos de piel con el pelo claro; Pedro tenía una tez más ocre y el pelo negro; Gabriel también tenía ascendencia morisca, por parte de su abuelo, o eso al menos era lo que se decía en el pueblo; y José, pese a que su familia aseguraba que eran Cristianos Viejos, presentaba los mismo rasgos que los judíos: ojos grandes, huesudo y nariz aguileña… Estaba el muchacho pensando en las confusas cadenas raciales cuando su tío apareció, de repente, después de explorar la ladera, a su lado; << ¿Qué andas cavilando?, ¡Tu cabeza tiene que estar aquí!>> decía señalándole la espada; << Pensaba en nosotros, en todos, no es cierto que seamos árabes, cristianos o judíos, por nuestras venas corren las tres sangres; mi abuela era cristiana, y su madre antes de ella, y un cristiano se casó con mi tía, tu hermana, Fátima… no somos cristianos, no somos árabes, no somos judíos, ¡somos todo!>>
Su tío se quedó pensativo, sin dejar un detalle sin analizar a su alrededor le espetó << mira sobrino, nuestra sangre son como la de los grandes ríos, los afluentes que les nutre son como los pueblos y las culturas de las que estamos hechos, cuando llegan a su desembocadura, aún siendo el mismo río, sus aguas son muchas y son, a la vez, una sola; eso nos pasa a nosotros, hace muchos siglos, los cartagineses, los romanos, los celtas, los iberos,… se enfrentaron en estas mismas tierras y nuestros antepasados, descendientes de ellos, se mezclaron con la tribu berberisca de los Nafza******; dentro de muchos años, nuestros descendientes no sabrán si son árabes o cristianos o judíos; algunos tendrán los ojos castaños y se pondrán morenos fácilmente al sol, otros tendrán los ojos azules y la barba rubia; y otros serán delgados, con ojos grandes y nariz aguileña, pero todos se llamaran hermanos y se mezclaran entre ellos, puede que sea ese el destino de todo cuanto nos rodea>>.
En ese momento, un tropel de caballos y el ruido de varios carros anunciaba que el gran ejercito de Fray Alonso de Monroy estaba ya en las proximidades del castillo; Abem y Galceran se miraron a la cara, << recuerda sobrino, la cimitarra para los que no tienen armadura, la espada cristiana para aquellos que si la llevan>>, y diciendo esto, todo el grupo de avanzadilla bajó enseguida, ladera abajo, al encuentro con el grueso de las tropas.

No había tiempo para el descanso, los trabajos para cercar la zona y dejar a los traidores del castillo sin oportunidad alguna para huir y hacer correr la noticia de su asedio habían empezado de inmediato. Se había enviado a una comitiva para emplazar las órdenes y condiciones de rendición a Fray Diego Bernal, pero su respuesta fue una lluvia de piedras y amenazas que corroboraron, una vez más, la resignación de tomar el castillo por la fuerza.
Cuando llegaron al lugar donde estaba acampado el ejercito, el caballero Rui Vázquez de Quiroga les esperaba y, en un gesto honorable, abrazó a toda la avanzadilla << el Maestre quiere verte Galceran>> le indicó al morisco; este, señaló a su sobrino para que le siguiera hasta la tienda del clavero, mientras, con su único ojo, no perdía detalle del continuo movimiento de los trabajos de fortificación y aislamiento de la zona.
Fray Alonso de Monroy no paraba de beber agua, sofocado por el excesivo calor y el peso de la armadura, << Un caballero tiene que sudar y sentir el trabajo de la batalla, no encerrarse en su tienda a beber mientras los demás doblan la espalda>> pensaba el cumbreño.
<< ¡Así que este es el gran hombre que te ayudó a reclutar los fieros guerreros de la zona de Trujillo!>> exclamó el maestre a Rui Vázquez.
<< Si, maestre>> contestó el caballero << Galceran Sánchez, y su sobrino Alonso, fieles guerreros que llevan generaciones cuidando los caballos de Matagibranzos en la Fe de Cristo>>.
<< ¡¡Una gineta vieja a la que no consiguen matar!!>> retumbó una voz desconocida para todos, o para casi todos; detrás de un roble apareció un hombre alto, corpulento, canoso y con una cicatriz debajo de la barbilla. <<¡Jajaja!>> estalló Galceran <<¡Algar, viejo zorro!>>.
Los dos antiguos guerreros, compañeros de batalla en las guerras de Granada, se fundieron en un efusivo abrazo mientas el maestre celebraba ese encuentro asintiendo con la cabeza, satisfecho.
Algar provenía de las tierras Jaén y, por vicisitudes del destino, acabó en Extremadura; a pesar de su apellido y su tez curtida al sol, era Cristiano Viejo y antiguo soldado de los tercios que luchaban por recuperar Granada al Rey Boabdil; fue en aquella época donde conoció y entabló amistad con Galceran, peleando, codo con codo, en innumerables ocasiones.
<< Lo ves Rui, esto es lo que necesito, soldados experimentados, que saben empuñar una espada, el traidor Diego Bernal tiene el tiempo contado>> sentenció Fray Alonso de Monroy; al viejo morisco no le gustó el tono soberbio del clavero ni la intención de sus ojos frente al castillo, donde, a lo lejos, se veían campesinos y gentes de la zona apresurándose a guardar sus carros y demás pertenencias en el interior de sus puertas, dispuestas para el asedio.

Pasaron nueve días y la rutina en el cerco se volvía cada vez más monótona y aburrida, el grueso del ejercito se resguardaba de las altas temperaturas entre el robledal cercano del ala oeste; pequeñas escuadras tenían levantadas empalizadas en los cuatro puntos cardinales de la falda del castillo y diversos grupos recorrían la zona varias veces al día, montando guardia y vigilando cada movimiento salido de la fortaleza.
Abem, junto con su tío, Algar y el resto de la “avanzadilla de La Cumbre” recorría la montaña, el calor emanaba tanto del cielo como de la tierra misma y el relinchar de los caballos se sucedía bajo el perenne zumbido de las chicharras entre el pasto; pasaron por unos de tanto abrigos de pizarra; desde allí se podía ver  grandes bloques de granito, antiguas tumbas con inscripciones, yacer salteados, como si un gigante hubiera jugado con ellos a los dados; el casco de las monturas pisaban sin respeto aquel trozo de santuario, <<el tiempo lo destapa todo y, al mismo tiempo, lo que antes fue sagrado, ahora tiene la misma importancia que un guijarro en el camino>> pensaba el joven, intentando dar su particular ofrenda a aquellos caídos, muertos, seguramente, en otro anterior asedio, en este mismo lugar. Se imaginaba su cuerpo, o el de su tío, o en el de algunos de sus paisanos, enterrados también bajos esas piedras, o en otras más nuevas, sin musgo; pensaba que, pasados unos cuantos años, el tiempo les quitaría el honor y el sacrificio que hicieron; y otro gigante jugaría con sus tumbas a los dados, y esparciría sus lápidas al viento.
El sudor emanaba de sus frentes y sus carnes se encogían bajo los petos metálicos que los ponían a salvo de alguna flecha furtiva; cabalgaron un poco más, casi habían dado la vuelta. Fue en una ráfaga de segundo, de repente, desde lo que parecía ser una pequeña oquedad, un grupo de jinetes, salidos del interior del castillo, se apresuraron, atizando salvajemente a sus caballos, ladera abajo; Galceran dio la voz de alarma y el resto de la avanzadilla corrió tras ellos; Algar, de inmediato, con las riendas en la boca, enfiló su arco hacía uno de ellos; en un pestañear, Abem vio como la flecha le alcanzaba el cuello y caía, inerte, entre los árboles. <<Esto va en serio, la saliva me sabe a hierro>> las palabras se cruzaron por la mente del muchacho; se apresuró en sacar la espada, bien afilada aunque con algunas mellas; atizó bien a su caballo y galopó lo más fuerte que pudo; el grupo que había salido del castillo se separó, lo que hizo que la avanzadilla eligiera enemigo y también se dispersara; Gabriel no dio tiempo a su elegido a decir “confesión”, se puso detrás y le partió la cabeza justo en el momento en que el huido miró hacia atrás para ver lo que pasaba; Galceran se fue directo al que portaba el estandarte, este, sin pensarlo tiró el blasón y, sacando su espada, le lanzó un tajo al experimentado soldado; pero el viejo morisco era el señor de los caballos de Matagibranzos, se agacho, esquivó la estocada, para, en el momento de levantarse, lanzar un ataque de “medialuna” con su cimitarra, que hizo abril en canal a su oponente. Abem corría tras su enemigo elegido, seguido de Pedro y José, espada en mano, el ruido del galopar de los caballos enmarañaba la escena y el bosque comenzaba a apretarse; el muchacho huido, viéndose acosado comenzó a gritar << ¡no me matéis, por Dios, solo soy un aprendiz de armero!>>, <<¡tira el acero, para el caballo y levanta las manos!>> sentenció de inmediato nuestro joven soldado; aquel supuesto enemigo hizo justo lo que el cumbreño vociferaba.

Continuará.

Jesús Bermejo Bermejo.        Alcorcón 2012.

Sobre un relato de Jesús Sánchez Adalid.

Glosario:
v     Cristiano Viejo: Cristiano cuyos padres y sus cuatro abuelos han sido también bautizados en la Fe Católica.
v     Razzias: es un término usado para referirse a un ataque sorpresa contra un asentamiento enemigo.
v     Cimitarra: espada curva musulmana.
v     Clavero: En algunas órdenes militares, caballero que tenía cierta dignidad y a cuyo cargo estaba la custodia y defensa del principal castillo o convento.


* La alta nobleza española se enfrentó al rey de Castilla Enrique IV (1454-1474) porque dispuso que sus principales colaboradores fueran escogidos entre personas que no tenían gran relevancia social. Ante esto, apoyan a su hermanastro Alfonso en la farsa de Ávila en 1465. Entre tanto, se produjo la guerra civil de la Orden de Alcántara, cuando el Clavero don Alonso de Monroy, que había ayudado a Enrique IV en las luchas contra su hermanastro, decide ser el aspirante oficial al cargo de maestre de la citada orden. El otro aspirante era Juan de Zúñiga, hijo de los condes de Plasencia. En las luchas entre el Maestre de la Orden de Alcántara y el Clavero de la misma fue tomado el castillo de Trevejo por fray Alonso de Monroy cuando éste se escapó de su presidio en el convento de Alcántara, arrebatándosela a fray Diego Bernal, comendador de la Orden de San Juan. Posteriormente tuvo que devolver la fortaleza al Maestre una vez que el Rey se reconcilió con sus adversarios. Pero cuando surgieron de nuevo los problemas entre el Rey don Enrique IV y un grupo de nobles (Conde de Plasencia, Duque de Medina), este monarca le dio instrucciones al Clavero fray Alonso de Monroy, el cinco de junio de 1465, para que le arrebatase la fortaleza a Diego Bernal. Cuando el Clavero recibió las instrucciones juntó gente de guerra muy experimentada y se fue contra la fortaleza la cual tomó en una sola noche mediante escalas. Con este episodio, que realmente duraría pocos años, fue cuando estuvo el castillo de Trevejo en manos de la Orden de Alcántara. Jesús Sánchez Adalid
** Así llamaban los árabes a Trujillo.
*** los moriscos y judíos, por costumbre, solían conservar un nombre originario de su lengua y el nombre que se les daba en el bautismo (¿puede ser ese el origen de los nombres compuestos?), de manera que se podían llamar originariamente Yusuf, Said, Abrahim, Alí y en el momento del bautismo añadían el nombre cristiano, los más frecuentes eran Juan  (nombre del bautista), Fernando (nombre del rey), Pedro (1º apóstol) o Gabriel (arcángel de la Anunciación); en el caso de las mujeres, los nombres comunes eran María, Juana, Catalina, Elvira, Beatriz, etc.
**** Los moriscos fueron los musulmanes del Al-Andalus bautizados, tanto los convertidos voluntariamente al catolicismo como los obligados pasaron a denominarse de esta manera. Mientras que los moricos de Granada y Andalucía hablaban corrientemente el árabe, conocían bien el islam y conservaban la mayor parte de los rasgos culturales que les eran propios: vestido, música, gastronomía, celebraciones, etc. Los moriscos de Castilla no se diferenciaban apenas de los católicos viejos: no hablaban árabe, buena parte de ellos eran realmente católicos y los que no lo eran solían tener un conocimiento muy básico del islam, que practicaban de forma extremadamente discreta. No desempeñaban profesiones específicas ni vivían separados de los católicos viejos, salvo en los enclaves puramente moriscos, de modo que nada en su aspecto exterior les diferenciaba de aquellos. Esto propició que los matrimonios entre una y otra raza se mirara de forma natural en nuestra tierra, sobre todo en las zonas rurales, donde judíos y musulmanes se asentaban huyendo de impuestos y, sobre todo, de la Inquisición.
***** Los musulmanes, en junio de 1222, destruyeron parcialmente el puente romano de Mantible o Alconétar, una fantástica obra arquitectónica de 250 metros por el cual atravesaba el río Tajo por la Vía de la Plata. Desde entonces, el gran río ibérico se cruzaba en grandes barcazas. ( Se hace mención al tema en el relato de La Torre de Floripes).
****** La tribu berberisca de los Nefza o Nafza fue la que se asentó en nuestra zona cuando los musulmanes conquistaron por primera vez Trujillo, eran originarios de las tierras cerca de Ceuta.


lunes, 30 de abril de 2012

FOTOGRAFÍAS ANTIGUAS (Y 2).


Esta entrada se ha suprimido temporalmente para formar parte de una posterior publicación.

Está protegida con Copyright de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 1/1996 de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y Ley 23/2006, de 7 de julio, por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.


Queda prohibida la reproducción, distribución y comunicación con ánimo de lucro de acuerdo con lo establecido en la presente ley.

jueves, 19 de abril de 2012

NOCHE DE GAMUSINOS


Esta entrada se ha suprimido temporalmente para formar parte de una posterior publicación.

Está protegida con Copyright de acuerdo con lo establecido en el Real Decreto 1/1996 de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual y Ley 23/2006, de 7 de julio, por la que se modifica el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.


Queda prohibida la reproducción, distribución y comunicación con ánimo de lucro de acuerdo con lo establecido en la presente ley.

viernes, 13 de abril de 2012

EL VIAJE


                         EL VIAJE

Una tarde de viernes nublado. La estación de autobuses hervía
de gentes que se rozaban perseguidos del tiempo ¿A dónde irán?
Siempre la duda y la curiosidad viene a mis oídos.
Yo también estoy allí, también divago perseguido por las horas,
confundido en esos minutos predecesores de todo lo que realmente llega.
El viaje comienza, pregunto al conductor la certeza de mi elección.
El viaje comienza, el motor suena encandilado por su traquetear somnoliento.
Todo se mueve, en el coche se mezclan las conversaciones, los olores,
los sabores de los pasajeros; un anciano con su jilguero enjaulado,
adolescentes felices por su regreso a casa discutiendo de fútbol y chicas,
aquella mujer solitaria que, huidiza de todos, se aferra a una maleta sucia
y gastada de años y viajes, quizás, forzados.
El viaje comienza con el leve sonido de la radio que nadie escucha
pero que todos oímos. Atrás quedan los pueblos, atrás sus campos, atrás
las vidas cuyos ojos miran nuestro transito; pasajeros que empeñan
sus recuerdos en el viaje. Sembrados, barbechos, encinares, tierras
azotadas por los hombres, ganados impasivos a nuestro paso.
Hace calor dentro pero los cuerpos, al pasar por ese pasillo estrecho
de ojos curiosos, dejan una estela de frío en esta tarde de niebla misteriosa.
Es otoño, me quedo asombrado viendo las grullas sobrevolar las grandes
llanuras, tan cerca de nosotros; otro pueblo pasado, 
las campanas de su iglesia repiquetean la despedida a lo extraño.
Esta anocheciendo, por fin el sol enrojece los cultivos, las lagunas bostezan
el sueño del agua a través de los riachuelos; 
un castillo a lo lejos, en un monte manchado de alcornoques, 
suspira una raigambre y un orgullo contenidos.
Y entonces llegamos, una ciudad nueva y un verso en el aire
al pasar por su cementerio, en la majestuosa puerta brilla el honor
de los que ahora son aire; con intensa gracia las tórtolas turcas colorean
los cipreses y se balancean en su silencio sepulcral. 
A lo lejos, el campo, mi campo extremeño; 
y una ciudad eterna, cubiertas a estas horas de un resplandor
                          de piedras pardas, la luz palaciega de sus torres. Y entonces me acuerdo
      de Pío Baroja y de una inscripción en una puerta señorial vizcaína:
    “Después de la muerte pervive la fama”.



           Jesús Bermejo BermejoCáceres 2005.

jueves, 29 de marzo de 2012

ÚLTIMA PRESENTACIÓN


Desde hace unos años, la Semana Santa en La Cumbre empieza con la "Convivencia Rodacis". He aquí la Presentación del nº 4 de la Revista en la que escribo una especie de carta de despedida como Presidente de esta Asociación juvenil tan esencial y tan necesaria en nuestro pueblo.


La revista Rodacis nº4 es el reflejo de la evolución de esta Asociación juvenil que la compone y patrocina, esto quiere decir muchas cosas: perseverancia, constancia, esperanza, creencias en unos valores e ideas, cariño hacía tu pueblo, organización, autoestima, personalidad, responsabilidad… pero desde mi punto de vista, todos estos adjetivos hubieran carecido de importancia y no se hubieran hecho realidad si no los hubiese precedido la humildad y sencillez desde el primer momento que la fundamos hasta ahora.

Hace ya unos años que enterramos la bellota en esta tierra extremeña para que saliera nuestra particular encina, con toda la ilusión que tienen los chavales de veintipocos años, que creen que el mundo puede ser un lugar mejor y por eso empiezan por su pueblo.

La encina (la asociación) salió adelante y creció; hubo mucha gente que la regó, echó ramas y empezó a hacerse visible a los ojos de La Cumbre; tuvimos voz, para el resto de asociaciones y para el propio ayuntamiento; nuestra opinión empezó a contar; nos hicimos más fuertes ante los numerosos retos que se nos planteaban; los jóvenes, desde el primer momento, creyeron en nuestro proyecto apuntándose en masa, contribuyendo, prestando cualquier ayuda que podíamos necesitar; a esto hay que añadir la cantidad de amigos y simpatizantes que, en la organización de todos lo eventos, siempre han estado ahí. También tuvimos enemigos, a unos los vimos venir desde el primer día, a otros no, y esos hicieron más daño, constituyendo un lastre para el gran proyecto que teníamos en mente.

Yo, como el primer presidente y cofundador, junto a mis compañer@s de directiva y amig@s, de esta asociación juvenil, me siento orgulloso de muchas cosas; sería imposible enumerarlas todas ya que ha constituido una de las mejores experiencias de toda mi vida. Destacar mi orgullo por haber contribuido a inculcar los valores que “Rodacis” representa a los jóvenes que, como yo, empezaron en esto, y a los que vienen; mi satisfacción personal por haber sido un presidente neutral a todo pensamiento e ideología política en este ambiente juvenil que, por mi carácter y el que me conozca bien lo sabe, no me es fácil; recordar, a grosso modo, todas las actividades culturales, sociales, educativas, festivas, de ocio y tiempo libre que hemos realizado, muchas veces, luchando contra viento y marea; y sobre todo, también, alabar la cantidad de gente que he conocido, pandillas de amigos y amigas que lo serán para siempre, gente estupenda que tenemos en La Cumbre y que, casi siempre, no valoramos lo suficiente porque solemos asociarlos a factores negativos de nuestro pueblo, nada más lejos de la realidad; aprovecho estas líneas para enviarles un fuerte abrazo de amigo y de corazón.

La encina sigue creciendo; es posible que se convierta en un gran árbol y sea toda un referente para todo el pueblo y comarca; o puede ser que se la coma el ganado que pase si se la descuida; o que la corten de raíz quienes no la valoren. De igual manera que creo firmemente en los valores de esta asociación; pienso que la renovación y el cambio son tan necesarios como organizar excursiones o hacer esta revista; para Rodacis la renovación y el cambio de su cúspide ha de ser visto como algo positivo; la innovación de su gobierno serán siempre símbolo de originalidad y personalidad, eso sí, sin abandonar nunca los adjetivos de las primeras líneas de este artículo.

Por último, no quisiera terminar esta presentación sin desear a tod@s l@s cumbreñ@s lo mejor. ¡¡Viva Rodacis y Viva La Cumbre!!

Jesús Bermejo Bermejo    La Cumbre 2009.