jueves, 24 de mayo de 2012

ANÉCDOTAS DE UNA VIGA


Pongamos que fue un día de mayo de 1596, todo estaba previsto para apartar los soportes de madera que sostenían el ábside poligonal de nuestra Iglesia de la Asunción.
El maestro de obras admiraba el pequeño rosetón minuciosamente mimado para que, a la caída de la tarde; el sol inunde el recinto con un chorro de luz espiritual, a través de su redonda figura, antes de esconderse por los encinares de “La Jara”.
Mientras se quitaban los andamios del ábside, las puertas despampanadas dejaban entrever la inmensa claridad del mediodía y, en el interior, era constante el trabajo de los canteros, picapedreros, albañiles, carpinteros y mozos de La Cumbre y de todos los pueblos de alrededor (Trujillo, Ibahernando, Plasenzuela, Ruanes, Santa Ana, etc).
Fue entonces cuando el maestro de obra advirtió un pequeño defecto en los andamios de los pilares en los cuales se sujetan los arcos fajones, componiendo la enorme bóveda de cañón que tiene nuestra iglesia, y mandó a dos de los que estaban acarreando piedra irregular, llamada mampostería, a por una viga de madera que actuase de soporte al andamio.
Seguía el viejo maestro escrutando el despeje del ábside y la estructura que iba teniendo la piedra esculpida, el sillarejo, cuando oyó un fuerte golpe que provenía de la puerta de medio punto trasera. Al momento se dio cuenta de la situación: los dos muchachos, que eran cumbreños, habían chocado con la misma puerta al intentar meter la viga completamente atravesada; y los canteros, picapedreros, albañiles, carpinteros,… y gentes del lugar se echaron a reír, creando un gran estruendo, ante semejante barbaridad.

Ignoro por completo si esta historia es o no cierta, acabo de adaptar la leyenda a una simple anécdota. No obstante, desempolvando un libro antiguo llamado “Diccionario Geográfico de Extremadura” me encontré con la siguiente descripción: La Cumbre- los de la viga atravesá- llámanle así a los cumbreños en los pueblos de alrededor por la popular historia de que metieron la viga atravesada.
El libro no dice nada más por lo que la historia se convierte en leyenda y la leyenda en dicho popular, por tanto, no se sabe a ciencia cierta si fue real o no. Pero lo que si es cierto es que los cumbreños tenemos fama de “atravesados”.
Me gusta pensar, sin embargo, que este concepto tiene una vertiente casi romántica; decía Miguel de Unamuno que los extremeños eran “apáticos al parecer, violentos y apasionados en el fondo”, y Cervantes resaltaba la locura de Don Quijote llamándole “extremado”. En este contexto, creo que no hay mejor adjetivo para un extremeño que “extremado”; ninguna palabra resume mejor la esencia de las gentes de nuestra tierra a lo largo de los siglos. “Extremeños de centeno” diría el poeta Miguel Hernández, y dentro de ellos, los cumbreños, que querían hacer una hazaña imposible, meter la viga atravesada, lo mismo que Don Quijote que luchaba contra molinos y rebaños de ovejas; epopeyas imposibles, absurdas, insulsas, pero a la vez románticas, porque persiguen la utopía.

La historia de la popular viga tiene otras muchas versiones, como una que me contó un poeta-albañil de Madroñera, que por el día pone ladrillos y por la noche “se lía a escribir lo que le sale de la cabeza”, de cómo, a consecuencia de la dichosa viga, los dos pueblos son tan amigos… esta y otras muchas “anécdotas” de éste fenómeno, iremos analizándolas por aquí, para intentar descubrir esa frágil línea entre verdad y mentira de toda leyenda.


Jesús Bermejo Bermejo             La Cumbre 2007/2012

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