miércoles, 18 de enero de 2012

PUEDO CONTAR LA HISTORIA DE LA CUMBRE...


Puedo contar la historia de La Cumbre al hablar de los bailes en la plaza, las corridas de toros hechas con carros en los “lejios”; los juegos de la cucaña, los quintos, las corridas de gallos o de una vieja tradición, extinta hoy, que se llamaba “la vaquilla”; también puedo contar su biografía si relato las ferias de ahora, con sus buenas orquestas, y la gente llenando la pista y disfrutando al cien por cien; las fiestas del barrio de “Las Flores”; la Semana Joven de una Asociación juvenil que lleva ya tres años creada; la reciente excursión de la Asociación de mujeres al Museo del Prado; el frite y la sardinada en la plaza por carnavales; las obras de teatro de un grupo que, cada año, nos arrancan carcajadas en sus funciones...
Puedo contar todas esas cosas y no me estoy saliendo de la mitología de este lugar; decir, por ejemplo, que hace más de cien años, nuestra dehesa estaba sembrada de encinas, y que andaba la guardia de Trujillo detrás de aquellos cumbreños que, por la noche, robaban leña porque “no tenían  para calentarse en invierno”, luego talaron esos robustos árboles porque dijeron a nuestros antepasados que el terreno era bueno  para el desarrollo agrícola-ganadero; y ahora vuelve la dehesa a sembrarse, poco a poco, de paneles solares, árboles fotovoltaicos que transforman el paisaje, inusual escenario, porque dicen que es bueno para el desarrollo industrial de la zona; un proyecto que comienza para contar algún día sus consecuencias.


Puedo contar la historia de un grupo de ancianos que aspiran las eses y dicen “chacho” y “poquino” en un parque de Móstoles, cerca de Madrid; o la de mi vecino, que se fue con catorce años a la capital hace ahora casi sesenta, siempre con la esperanza de volver, regocijado en ese verbo, triste y alegre a la vez, que transita con el anhelo de miles de extremeños que, inevitablemente, hicieron las maletas para buscar un futuro mejor, y que han estado pensando toda la vida en volver como si toda su estancia, vidas enteras, fueran simplemente un tránsito, un intento inevitable y burlón de convertir el tiempo en algo pasajero.
Puedo referirme a todo eso y contar nuestra historia; como cuando un brasileño escribía un comentario en el “youtube” porque había visto el video de “La Cumbre, mi pueblo” de un tal Jesús Bermejo, y saludaba desde el otro lado del charco diciendo que es nieto de Marcelo Canelada; o de toda la gente que escribe en el libro de visitas de las dos páginas Web del pueblo; o ese francés, un poco extraño, empeñado en plantar nueve árboles en La Puente en homenaje a sus antepasados cumbreños.
Se pueden contar muchas historias de este pueblo; en cada poro de sus casas, en cada rincón de sus calles se respiran sus vivencias; en los peldaños del Rollo, de donde colgaron zorros y lobos con piedras en las fauces no hace demasiado tiempo, cuando organizaba batidas el Concejo de Trujillo para limpiar la zona de “alimañas”. O un puente que no se llegó a construir, fruto de un sueño, que se quedó precisamente en eso, en un delirio de la Revolución Industrial de principios del siglo XX. O ¿Por qué están destruidas las “pasaeras” del río, próximas a los molinos, y solo quedan sus cimientos luchando contracorriente? Corriente que, va a hacer más de tres años que no vemos por la sequía*; sequías y plagas por las cuales rezaban nuestros antepasados a San Gregorio, y por eso mismo le levantaron una ermita, que lleva demasiados años abandonada; ahora parece que hay un intento de restaurarla, quizás de esta manera, vuelva la lluvia, con la charca Runel vertiéndose por su muro resquebrajado y con el pantano hasta arriba de agua, como lo hemos conocido todos los inviernos; entonces se volverá a oír el rumor acuífero del Gibranzos por las noches, cuando todo el pueblo duerma y solo pasee el viento por sus calles.


Jesús Bermejo Bermejo                         La Cumbre 2009.



*Relato escrito como presentación del tercer número de la Revista “Rodacis”, por aquellos entonces, 2009, llevábamos padeciendo unos años de sequía y por eso se hace alusión en el articulo.

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